Un hueco donde todo cabe

05 febrero 2007

Nosotros tambien

Algunos de los destinos preocupantes de las EXPORTACIONES DE ARMAS ESPAÑOLAS son Colombia, Haití, Estados Unidos, Indonesia o Israel, entre otros. Las organizaciones SOCIALES se han dirigido al Gobierno español, para solicitarle, una vez más, que aclare cómo han sido interpretados los criterios del Código de Conducta de la Unión Europea en relación con las exportaciones realizadas a los países mencionados.

Kalashnikov

“Con frecuencia, la gente me pregunta si siento remordimientos por el sufrimiento humano que causan los ataques con los AK-47. Les explico que diseñé esa arma para defender a la patria rusa de sus enemigos. Por supuesto que me entristece y me siento frustrado cuando veo que utilizan mi arma en escaramuzas armadas, y también cuando las veo en guerras depredadoras y usadas para fines terroristas y criminales. Sin embargo, en última instancia, no son los diseñadores los que deben asumir la responsabilidad sobre a dónde van a parar finalmente las armas; son los gobiernos los que deben controlar su producción y su exportación.” (General Kalashnikov, inventor del fusil de asalto AK-47)

Venta fraudulenta

La globalización ha cambiado el comercio de las armas. Las empresas fabricantes de armas, que operan desde un creciente número de países, obtienen los componentes para esas armas en muchas partes del mundo. Muchas veces montan sus productos en países donde los controles sobre el destino final de éstos son poco estrictos. Así, muy fácilmente, las armas van a parar a manos de quien no debería tenerlas. Cada año, las armas convencionales matan a al menos 300.000 personas, y muchas más mueren, son heridas, sufren abusos, desplazamientos forzados, y lo pierden todo como resultado de la violencia armada. Las crecientes lagunas jurídicas en los controles nacionales demuestran la necesidad de establecer reglas globales para responder a este comercio global. Es hora de apostar por un Tratado Internacional efectivo sobre comercio de armas.

La Tierra, las tierras

¿Puede una hectárea de terreno costar más barata que una hamburguesa?
En algunas zonas de Argentina sí. Empresas, organizaciones, multimillonarios o simples particulares han puesto sus ojos en uno de los países más extensos del mundo, que ofrece la posibilidad de comprar desde inmensos páramos a fértiles viñedos, pasando por caprichos de la naturaleza o tierras de labor cerca de la capital. El país suramericano vive una loca carrera de venta de tierras, tanto públicas como privadas, que, según investigadores, organizaciones sociales y políticas, afecta a unos 300.000 kilómetros cuadrados, más de la mitad de la extensión de España. La falta de una legislación federal sobre el tema ha acelerado un proceso de venta, que si bien ha sido normal a lo largo de la historia de Argentina, ha levantado voces de alarma que van desde los medios de comunicación a la Iglesia católica.

"En Santiago del Estero y en Chaco [provincias al norte del país] la hectárea vale lo que vale una hamburguesa", denuncia Andrés Kliphhan, coautor de Tierras S.A., una investigación de tres años junto a Daniel Enz que muestra el descontrolado proceso de venta de tierras que vive Argentina. "Hay 30 proyectos de ley para regularlo, ya sea en el Parlamento federal o en los provinciales, pero están todos metidos en el cajón", añade. Kliphhan advierte de que grandes compradores son sociedades de las que no se sabe nada y cuya sede está situada en paraísos fiscales.

Al menos el 10% del territorio nacional ya está en manos extranjeras, según indica, citando como fuente al Ministerio de Defensa argentino, Gonzalo Sánchez, autor de La Patagonia Vendida. De hecho, el mayor propietario del país es un grupo familiar italiano y multinacional de la moda: los hermanos Benetton, que poseen en total unos 10.000 kilómetros cuadrados, una cifra que puesta sobre los 2.780.000 kilómetros cuadrados de Argentina tal vez no representen mucho, pero que trasladados sobre el mapa de España significaría poseer en su totalidad la provincia de Valencia o Asturias.